Wigman. La danza o la vida

En las cinco páginas que se centran en su visita a Pamplona, se unen su presencia en el tendido de la plaza, con el desarrollo de su coreografía ataviada con una chaquetilla corta inspirada en la del torero.

Joaquín Santiago García
(Córdoba, 1977). Tras un paso breve por Bellas Artes, se licencia en Física, trabajando actualmente en el radiotelescopio de IRAM en Sierra Nevada, aunque en paralelo ha continuado con su faceta de ilustrador.
En cómic, ha publicado historias cortas en la revista Dos Veces Breve, siendo la presente su primera novela gráfica.

Mary Wigman danza en Pamplona

Este 2026 ha visto la luz tras un largo proceso la novela gráfica Wigman. La danza o la vida en la editorial El Paseo. Con guion de Fernando González Viñas y dibujo de Joaquín Santiago García, los firmantes de este artículo, traza una semblanza de la vida y obra de la bailarina y coreógrafa alemana Mary Wigman (1886-1973).

Wigman es considerada la creadora de la danza expresionista y, sin duda, fue una de las bailarinas y coreógrafas que más contribuyó a convertir la danza en un arte mayor. Tras sus inicios como alumna de Émile Jaques-Dalcroze, representante de la danza como «gimnasia rítmica» de mero acompañamiento de la música, y paso por el innovador Rudolph von Laban en la comuna hippie de Monte Veritá, en Ascona (Suiza), Wigman desarrolla una carrera propia, innovadora, rompedora y radical que la lleva a ser la referencia artística de la danza hasta su retirada en la década de 1960. Grandes figuras de la danza como Martha Graham, Merce Cunningham o Pina Bausch beberán del legado de Wigman.

Para lo que compete a esta revista de elucubraciones cornúpetas, interesa el viaje que Mary Wigman realiza en 1929 a los sanfermines de Pamplona. Allí, acompañada de su amante (de amar) por aquel entonces, el psiquiatra Herbert Binswanger, catorce años más joven que ella, participará de la algarabía callejera a de las fiestas y contemplará una corrida de toros que inspirará su coreografía Festliches Rythmus, que habría de traducirse por Ritmo de fiesta o Ritmo festivo. Por aquel entonces ya era una figura conocida en Europa, y al año siguiente, 1930, realiza su primera gira en los EE.UU. que la convierte en toda una celebridad en la que otras protagonistas de la danza le declaran su admiración, tanto estadounidenses como Martha Graham a figuras más tradicionales como la española La Argentina (Antonia Mercé y Luque).

La coreografía Ritmo de fiesta formará parte de ciclo coreográfico titulado Schwingende Landschaft (Paisaje fluctuante). Se trata de un ciclo de coreografías en las que se aleja de sus coreografías grupales e interpreta solos y que son consecuencia de su viaje veraniego de 1929, tanto por España como por Francia. La coreografía festiva española estará poderosamente influida por lo que Wigman puede ver en el ruedo pamplonica. Los autores que firman este artículo, a la hora de seleccionar escenas poderosas con las que narrar la vida de Wigman, consideraron que su viaje español mostraba ejemplarmente la capacidad de la autora para transformar en poderosas coreografías sus vivencias. Para ello contamos con la narración de la propia Wigman de su viaje español. En su libro Die Sprache des Tanzes (1963)1 Wigman hace un recorrido por las coreografías de su vida, dedicando un amplio espacio a describir lo que vio en Pamplona y cómo lo transformó en Ritmo de fiesta. El relato está recogido íntegro a continuación de este artículo. Parte de él, incluyendo alguna frase textual se incluye en el guion de la novela gráfica, que abarcará a nivel gráfico cinco páginas de la misma. Previas a estas cinco páginas, hay ya una alusión indirecta a la tauromaquia, cuando Wigman conoce a Biswanger, y se presenta a Wigman dentro de un laberinto cuyo minotauro vendría a que ser Biswanger. En la misma página aparecen esquemas que son copia fiel de los propios dibujos que Wigman utilizaba para marcar sus movimientos dentro del escenario. Dichos dibujos, su trayectoria vista de modo cenital, recuerdan poderosamente al laberinto cretense, por lo que la analogía no es gratuita. En las cinco páginas que se centran en su visita a Pamplona, se unen su presencia en el tendido de la plaza, con el desarrollo de su coreografía ataviada con una chaquetilla corta inspirada en la del torero. En el guion, que se desarrolla en forma de viñetas, como un storyboard, se ha utilizado el color negro y el rojo. El rojo para los pañuelos de los pamplonicas, la sangre del toro y el vestido de Wigman en la coreografía. La elaboración final del dibujo, al tratarse de una publicación en blanco y negro, suprime el color, sustituido por la aguada con múltiples matices que utiliza el dibujante durante toda la obra. En la obra final elaborada por Joaquín Santiago, dada la supresión del color, la sangre se decide dejar en blanco puro, y que así se una con el fondo, para asociar de esta manera lo destructivo de su presencia. Se hace además hincapié en la angulosidad del traje de Wigman para reflejar la rigidez de los capotes; la dirección y ritmo de lectura intentó traducir los movimientos y paradas de personajes y telas. Por otro lado, Binswanger, que aparece en la escena del laberinto que precede en varias páginas al viaje a Pamplona de los protagonistas, se presenta en forma humana pero como clara referencia al Minotauro, y la inspiración se ha de hallar en los del prerrafaelita Burne-Jones. A estas páginas editadas en la novela gráfica se ha añadido una nueva ilustración para ilustrar la portada del boletín, donde se vuelve a jugar con el Minotauro y especialmente con la máscara, máscara con la que Mary Wigman actuaba en su baile Hexentanz (baile de la bruja), realizada en madera por el escultor Viktor Magino e inspirada en las máscaras del teatro japonés Noh.

Fernando González Viñas / Historiador, guionista
Joaquín Santiago García / Físico, dibujante


1. Edición en español como El lenguaje de la danza (Ediciones Aguazul, Barcelona, 2002. Traducción de Carlos Murias Vila).